Proceso. Mojado.

BOGOTÁ COMO POST- IT CITY POR LA LLUVIA

 

Bien es conocida la idea de que Bogotá se caracteriza por un clima surrealista.

 Y es que en efecto, en Bogotá podemos pasar de un apoteósico y caluroso sol al más demencial aguacero en cuestión de minutos, pasando claro está por todos los estados intermedios: llovizna; ligero sol; arco iris y vuelve la lluvia y vuelve el sol…

 

Estos contrastes climáticos hacen que los bogotanos no solo salgamos de nuestras casas con las fachas más particulares que cuentan con camiseta y gafas de sol pero en la maleta un buen saco; una chaqueta y naturalmente un paraguas para estar preparados para todas las ocurrencias de nuestro preciado clima, sino que además hacen que nuestra cotidianeidad y nuestra rutina se alteren por completo en ocasiones:

Los bogotanos, debido quizás a nuestra idiosincracia, no continuamos con nuestra vida normal cuando llega la lluvia (como ocurre en otras ciudades del mundo cuando llueve). No, nosotros alteramos por efímeros momentos nuestras actividades habituales cuando llega el agua: detenidos bajo un esporádico alero de algun edificio; reunidos en la portada de alguna casa o simplemente entrando a una cafetería con los amigos o con un buen libro mientras pasa el agua. Esto hace que los bogotanos encontremos nuevas disculpas en nuestro devenir: tomar otro café; hablar un rato más; dedicarse a las labores contemplativas y reflexivas bajo este alero convirtiendo así a Bogotá en una experiencia cinematográfica encabezada por la lluvia o bien crear nuevas actividades de orden lúdico: mojarse; hacer competencia de barquitos…

 

Y de esta manera es que en Bogotá se van entrecruzando nuevas y momentáneas formas de habitar bajo esta lluvia, creando una ciudad ocasional, presentando situaciones fugaces, ajenas a las previsiones de la planificación ordinaria a partir de usos no codificados; temporales y anónimos y desembocando en esta condición auto adhesiva, en esta post- it city.

 

Habitar desde una perspectiva mojada

Partiendo de un uso heterodoxo de la arquitectura y el espacio público, Bogotá se convierte en un autoadhesivo perfecto, en cuanto estas práticas fantasma o sin rastro toman lugar en ciertos sitios en cierto momento que es determinado por unos factores mutantes.

La lluvia, compañero eterno de la ciudad de Bogotá, no solo la viste con su manto acuoso, sino que le da infinidad de colores, a sus calles y espacios abiertos; estos son los paraguas o sombrillas, quienes no solo permiten ua instancia efímera mientras el aguacero, sino que a su vez modifica tanto la circulación, legibilidad y pregnacia del espacio urbano.

Existen otro tipo de elementos protectores los cuales son los techos o cualquier prótesis arquitectónica que sirva de resguardo para los transeuntes afectados.

¿ Cuantas memorias y situaciones de cualquier tipo no han tenido lugar bajo la lluvia ? Son infinitas, y estas “grietas” urbanas donde tienen lugar generan nuevas cartografías, sobre las cuales se pueden plasmar no solo los recorridos, sino las emociones e intrigas quese pueden gestar en la ciudad bajo la lluvia.

 

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